
Esta tarde
he terminado de ver la miniserie de
HBO basada en la vida de
John Adams, el segundo presidente de los
Estados Unidos, recordado, quizás, por ser el instigador de la
Casi Guerra contra
Francia hasta la llegada de Napoleón, que bajó bastante los humos de los llamados federalistas. Pero su personaje es mucho más importante que todo eso: uno de los fundadores de la patria norteamericana y principal instigador de la independencia de la madre Inglaterra. Y parece que no les fue mal del todo.
La serie, dividida en siete episodios (dos que rozan la hora y media y cinco que se pasan unos minutos de los sesenta minutos), divide de esta manera las facetas más importantes de su vida: en el primer episodio cuenta una faceta muy importante en su vida, que desembocaría en todo lo que después le ocurre, y es que como abogado lo contratan para defender a unos ingleses que suspuestamente han disparado contra unos americanos. Se demuestra más tarde que esto no fue así y John Adams asiste a una escalada tremenda hasta llegar al
Senado (que casi no era tal) donde se discute todo lo que concierne a la colonia inglesa. Los siguientes capítulos, hasta el sexto, es la vida, frenética de John Adams. Sus discusiones en el
congreso de Philadelphia, en los tres, su viaje a la corte francesa de la época y su poco gusto por el pijería, su odio porque
Benjamin Franklin se lleva los éxitos que él consigue a base de discusiones acaloradas y de un patriotismo desmesurado y su amistad con
Thomas Jefferson aunque después acabarían bastante regular. Quizás lo que le catapultó a la presidencia (tras las dos mandatos del omnipresente
George Washington) fue su nombramiento como embajador en
Inglaterra, justo después de la independización y es tremenda la conversación que tiene John Adams con el rey de Inglaterra donde este reconoce que fue el último en aceptar la independencia de los Estados Unidos, y el actor lo dice con los ojos inyectados en lágrimas, casi llorando. Es bárbaro y algo que me llamó mucho la atención. En la madre patria está muchos años hasta que deciden volver.

Por supuesto, el papel de su señora esposa,
Abigail, es muy, muy importante y quizás es el que lleva a que John Adams consiga todo lo que quiere porque su esposa es una sabia consejera. Después de unos años en Francia, y antes de ir a Inglaterra, John Adams vive solo mientras su esposa y sus cuatro hijos continúan en Boston, con muy pocas noticias de él. La historia de amor de John y Abigail es tan apasionante que a mí me ha llegado a emocionar. Decide John enviarle una carta su esposa diciéndole que vaya con él a vivir a Francia y

con ella también se va a Inglaterra. En el país galo Abigail entabla una amistad tremenda con Jefferson con el que llega a mantener conversaciones casi personales para la época y del que admite que en cierto momento de su vida
ocupó un gran lugar en mi corazón aunque al final, al pelearse su esposo con él reconoce que esta parte está vacía. En Inglaterra la cosa está tensa, nadie quiere que Adams esté allí y son ignorados por la Corte y por la gente, es por esto que Abigail insta a su esposo a volver a Boston con sus hijos con esta frase que a mí me resultó demoledora:
No hay nada peor que estar en un país donde nadie te importa y tú tampoco le importas a ellos. Ya en de vuelta su ciudad, las discusiones con sus hijos, que llevan casi veinte años sin verlo, son frecuentes y lo que se encuentra apenas le gusta, pero pronto vuelve a la felicidad cuando le proponen presentarse a Presidente de los Estados Unidos. En la primera elección (y como ya he dicho antes duraría dos cargos hasta que se retira por decisión propia) gana abrumadoramente Washington y él queda como vicepresidente, una de las cosas que más lamentaría porque es un cargo que a él le aburre pues no es nada activo, incluso en el Senado tiene una discusión con un senador que le dice que no está allí para opinar de nada sino para escuchar. Es el segundo presidente de los Estados Unidos tras el retiro del General pero con la conspiración de
Hamilton apenas dura un mandato en el que sufre lo indecible. Después llega su retiro a la granja de Peacefield. Por cierto, es el primer presidente que usa la
Casa Blanca.

Su presidencia, además, está marcada por la
Casi Guerra con Francia y por la vicepresidencia de Thomas Jefferson con el que le desune el apoyo del vicepresidente por Francia y es que la vuelta de este de Francia lo trae muy cambiado y se podría considerar casi monárquico. Jefferson da la espalda a Adams en una decisión muy importante para el resto del país y esto lo que rompe con una afirmada amistad.
Como decía, en su retiro en Peacefield se aburre porque ha perdido la acción que durante tanto años ha sido su compañera. Con un hijo fallecido, del que reniega, y una hija con cáncer de mama, que moriría más tarde, el viejo Adams se dedica a su granja, lo que más le gusta y que le mantiene muy activo. La muerte de su esposa, Abigail, lo sumerge en la desidia y ya no consigue levantar cabeza. Con 90 años, fallece con la alegría de que su hijo
John Quincy Adams, es el sexto presidente del gobierno de los Estados Unidos.
Muere el cuatro de julio de de 1826 diciendo:
Thomas Jefferson sobrevive cuando este había muerto horas antes en su casa, rodeado de sus sirvientes negros y
Sally, la negra que le dio un hijo. Muerte el día que se cumplen cincuenta años de la proclamación de la independencia.
La miniserie es tremenda, con unos actores fantásticos, encabezado el plantel por
Paul Giamatti (John Adams en su madurez y en su vejez) y
Laura Linney, actriz que me suena pero no sé muy bien de qué y que hace magistralmente el papel de la paciente y sabia Abigail, mujer de la época, buena consejera y mejor madre.
Una serie extremadamente recomendable y que está en español pero que yo recomiendo en inglés que donde verdaderamente se aprecian los tonos que el protagonista pone en la voz y que, advierto, son totalmente estremecedores. Merece la pena, de verdad.
Recomiendo la web de la miniserie aunque está en inglés.