Pero hoy quiero dedicar este post a las azoteas en general, esos lugares donde se sube a tender ropa cuando no se seca en el balcón, y que en verano sirve para tostar a la vecina buenorra y a su madre. También al niño metrosexual del bloque de pisos, y al que quiere ser metrosexual.
Las azoteas son lugar para jugar a las cartas, fumar algún cigarrillo (y algún canuto, que yo lo he visto hacer), sentados en las hamacas de playa, esas de tela que se te pegan a la espalda y para levantarte tienes que usar espátula. Se charla, te ríes, te subes al perro para que corretee sin miedo a que se escape... En verano es cuando mejor se está en la azotea, incluso puedes tener una manguera para refrescarte si subes a eso de las seis y media, también vale para cuando lo haces a las doce, aunque el típico vecino amargado se queje y te obligue a apagar la luz. Pero no se le suele hacer caso hasta que sube y grita, entonces, si grita, con la voz de la razón, pues ya le haces caso y apagas la luz, incluso bajas la voz: Y esas colillas las recogeréis, ¿no? Apostilla, y se marcha. Al día siguiente, cuando sabe que sus mandatos nos los hemos pasado por... ya me entienden, él nos mira mal y se suele chivar a nuestros padres. ¡Les dice que fumamos! Pero es mentira, lo juro.
A mí me encanta subir a la azotea y estar allí un rato, quizás solo, quizás acompañado, aspirando la poca brisa que viene y que va, siempre igual, monótona. Pero tengan cuidado, en las azoteas puede pasar de todo, como esto que he encontrado por internet:

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